El dilema de la vicepresidencia de Obama

(Publicado en Voces el 5 de junio, 2008)

(¿Es la hora de poner un latino en la lista?)
 

Barack Obama tiene un problema: con su pobre actuación entre los votantes latinos en las elecciones primarias, se enfrenta a la posibilidad, muy real, de perder a este importante sector en las elecciones presidenciales.

No puede permitirse una actuación pobre entre los latinos en noviembre.

Los latinos, actualmente, son un porcentaje mayor de la población estadounidense (15,5%) en comparación con 2004 (14,3%). De hecho, con 46 millones de personas, los latinos son el grupo minoritario más grande y de mayor crecimiento de la nación. También representan una porción creciente en el electorado, 8,9% en 2007, según la Oficina del Censo de EEUU, frente a un 8,2% en 2004. Es más, según el Pew Hispanic Center, los latinos han incrementado sus cuotas de voto primario en varios estados entre 2004 y 2008.

Barack Obama

Los demócratas dan un vistazo a los latinos y ven oportunidades. Cerca del 57% de los votantes latinos registrados se identifican ahora como demócratas o señalan su inclinación hacia el partido demócrata, mientras que sólo un 23% se inclina hacia el partido republicano. Esto se traduce en una enorme diferencia de 34 puntos porcentuales en la afiliación partidista de los latinos registrados.

Esta brecha, alimentada por las vociferaciones republicanas sobre la inmigración ilegal, ha ido aumentando gradualmente con el tiempo: en 2006 la diferencia era sólo de 21 puntos porcentuales, mientras que en 1999 fue de 33 puntos porcentuales. En 2004, Bush obtuvo cerca del 40% del voto latino, un récord para un candidato republicano. Pero con los latinos alejándose masivamente del partido republicano, los demócratas están pensando en sacar tajada.

No obstante, la tarta electoral latina disminuye por el hecho que muchos no pueden votar, ya sea por que no son ciudadanos o por que no han cumplido los 18 años. En 2008, los latinos constituirán aproximadamente el 9% del electorado apto en toda la nación. Si los índices de asistencia anteriores sirven de indicadores, los latinos no votarán en masa: los expertos calculan que los latinos sólo constituirán un decepcionante 6,5% de la participación cuando llegue noviembre.
 

Las batallas claves: Colorado, Nuevo México, Nevada

Si la participación latina es tan baja, ¿por qué los demócratas están tan preocupados por este grupo? Para responder la pregunta sólo necesitamos mirar el mapa electoral: los latinos viven principalmente en estados decisivos que los demócratas quieren arrebatar a los republicanos. De particular interés para Obama es el oeste de EEUU. En este punto parece que el senador de Illinois está en la cuerda floja en Colorado, Nuevo México y Nevada, Estados con grandes poblaciones latinas.

En Colorado, las estimaciones más recientes del censo nacional de 2006 indican que los latinos representan casi el 20% de la población estatal. El estado eligió recientemente a un senador latino, Ken Salazar, y los demócratas han escogido Denver como el lugar de su próxima convención. En 2000, Bush ganó el Estado por casi diez puntos. Cuatro años después Bush volvió a ganar, pero esta vez su ventaja se quedó recortada a la mitad. El Estado tiene nueve votos electorales.

En Nuevo México, los latinos dominan todavía más, contabilizando el 44% de la población. En algunas ciudades como Las Cruces y Santa Fe llegan al 50%. En los últimos años, el Estado se ha convertido en un verdadero campo de batalla: en 2000, Gore ganó Nuevo México por un margen mínimo. En 2004, Bush ganó el Estado por un margen pequeño pero seguro. En 2008, los demócratas van a tener que volcarse hacia los votantes nativos y latinos, dos de sus grupos electorales tradicionales, si desean capturar los cinco votos electorales del Estado.

Según los datos más recientes del censo, la población de Nevada ronda el 25% de latinos. La población de Las Vegas se está disparando y los latinos tienen una formidable presencia en la ciudad. Históricamente, Nevada ha votado republicano, pero los demócratas esperan convertir a este Estado en una circunscripción decisiva. En 2000, Bush ganó Nevada pero sólo por tres puntos; cuatro años después obtuvo prácticamente el mismo resultado contra Kerry. El Estado tiene cinco votos electorales.
 

De Gran Unificador a figura polarizadora

Hace cuatro meses, parecía que Obama sería capaz de salvar la barrera del color y atraer a estadounidenses de todos los orígenes raciales. Después de su victoria en el caucus de Iowa, Obama se dirigió a sus simpatizantes blancos. «Dijeron que este día nunca llegaría», señaló. Después Obama remarcó su herencia racial única que incluye «un padre de Kenia, una madre de Kansas y una historia que sólo podría ocurrir en los Estados Unidos de América».

Sería sólo una cuestión de tiempo, sin embargo, que el asunto racial explotara y envenenara el paisaje político. Obama llevó una campaña «desracializada» que procuraba evitar la evidente inclinación hacia los negros. Al aspirar a convertirse en un gran unificador, Obama probablemente esperaba que el asunto racial, simplemente, desapareciera de la carrera presidencial.

No fue así.

El 5 de febrero (supermartes), las divisiones raciales se mostraron con viveza públicamente cuando los latinos votaron masivamente por Clinton. Al final del día, Clinton se había hecho con el 63% del voto latino contra el 35% de Obama. La mayor victoria de Clinton entre los latinos fue en su Nueva York natal, donde captó el 73% del voto. El único estado donde Obama logró el voto latino fue Illinois, pero incluso allí hubo un empate virtual de 50% contra 49%.

Uno de los núcleos duros de Obama durante la campaña ha sido el voto joven, pero de forma contundente, el supermartes, los latinos jóvenes no iban a votar por el senador de Illinois como los jóvenes blancos y negros. Mientras, el 28% de los votantes latinos, el día de las elecciones, dijo que la raza era importante al tomar su decisión. De esos votantes, el 64% votaron por Clinton y el 35% por Obama.

En muchas otras primarias desde el supermartes, el voto latino fue intrascendente, pero la superioridad de Clinton en el voto latino siguió el domingo en Puerto Rico. Hillary destrozó a Obama con el 68% frente al 32% en la isla. Es un porcentaje un poco mayor que el obtenido por Clinton el supermartes, quizás por el reconocimiento de su nombre y su condición de senadora de Nueva York, donde residen muchos puertorriqueños.

Barack Obama

Por otro lado, aparentemente, la raza jugó su papel: según las encuestas a pie de urna de la CNN, un 31% de los votantes puertorriqueños señalaron que la raza fue un factor en su voto, y de ésos, el 63% lo hizo por Clinton y el 37% por Obama.
 

Las apuestas de la vicepresidencia de Obama

Quizás, si Puerto Rico hubiera votado en febrero, antes del asunto de Jeremiah Wright, Obama hubiese hecho un papel mejor. Por desgracia para el joven senador de Illinois, Hillary jugó la carta racial y ahora Obama debe tratar de revertir la impresión de que de alguna manera es «extraño» a los ojos de muchos votantes, incluyendo latinos.

Algo que podría limitar ese daño político sufrido por Obama sería elegir al gobernador latino de Nuevo México, Bill Richardson, como compañero de lista. Esa medida sería un hito histórico en la política estadounidense y estimularía a los votantes de las minorías. Con Richardson en la lista, Obama podría realmente poner en juego el oeste y hacer una nueva y completa configuración del cálculo electoral. Al perseguir una «estrategia del oeste» en vez de una «estrategia del sur», Obama podría lograr una nueva coalición de negros, latinos y blancos pudientes.

Sin embargo, en ese escenario hay inconvenientes.

En parte como resultado de la maquinaria de Clinton, que infiltró el asunto de la raza en la competición electoral, ahora Obama tiene un problema no sólo entre los latinos, sino también entre los blancos pobres. Si Obama escoge a Richardson pueden voltear Nuevo México, Nevada y Colorado pero terminaría perdiendo Ohio, Pennsylvania y Virginia del este.

El senador de Illinois, que procuró superar el asunto racial al principio de la campaña, ahora se encuentra en un aprieto. Quizás, temiendo una debacle electoral en el Rust Belt y las Apalaches, Obama escogería una especie de Blue Dog, un compañero blanco centrista con experiencia militar, como el senador Chuck Hagel, de Nebraska o el senador Jim Webb, de Virginia. Al hacer esto, Obama puede esperar que los blancos pobres y los latinos se olviden de la raza y de Jeremiah Wright y vuelvan al redil. Tiene mucho terreno que recuperar entre estos votantes claves.

Texto original en inglés

Nikolas Kozloff es autor de Hugo Chávez: Oil, Politics, and the Challenge to the U.S. (Palgrave Macmillan, 2006) y Revolution! South America and the Rise of the New Left (Palgrave Macmillan, Abril 2008).

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Traducido por Ulises Juárez Polanco y revisado por Caty R. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.

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