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Foto: Ulises Juárez Polanco
Ulises Juárez Polanco
Managua, Nicaragua. 1984
Escritor y traductor.

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CRÓNICAS
(Textos sobre viajes y eventos.)

"No se viaja para ir a ninguna parte, sino para ir." Robert Louis Stevenson.




Nadar con tiburones
(Publicado en Crónicas el 2009-11-01)

(Veracruz es el puerto más importante de México, ciudad que en 1519 Hernán Cortés bautizó como la Villa Rica de la Vera Cruz y donde sobreviven el Centro Histórico y sus edificios coloniales impregnados de relatos fantásticos, con hoteles que se extienden por la costa hacia Boca del Río y todo el Golfo. Cerca del inicio de la costanera se ubica la Plaza Acuario de Veracruz, inaugurada en 1992 y quizás la más importante de todo México, de merecido reconocimiento a nivel internacional por su infraestructura de nueve salas puestas al servicio del público curioso del mundo marino. Ahí, el Tiburonario es una de las exhibiciones más asombrosas. Ésta es la historia de cómo un nicaragüense se sumergió con los tiburones y conoció a Tales de Mileto. Crónica de Ulises Juárez Polanco. Fotos de Ulises Juárez Polanco y Alan Castro.)

Nadar con tiburones, una crónica


Decidí sumergirme con los tiburones por el calor. Sí, el calor. Los forasteros que no han pisado Veracruz desconocen que la temperatura de la ciudad convierte a las casas en ollas de presión y prohíbe caminar por las calles, especialmente de dos a cuatro de la tarde cuando el sol está certero sobre nuestras cabezas y los inocentes se derriten caminando por la Calle Independencia o cruzando el Zocalito, la plaza principal. ¿Cómo no preferir entonces la frescura acuática del Tiburonario de Veracruz, aún si adentro tiene tiburones?

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Mi encuentro con Mario Benedetti
(Publicado en Crónicas el 2009-05-30)

Con la muerte de Mario Benedetti se ha dicho y escrito tanto y sin embargo es poco; el dolor es inmenso y el mundo demasiado pequeño para contenerlo. Cuando ingresó al hospital hace unos días, Pilar, la mujer de Saramago, propuso que todos los que quisieran a Mario leyeran sus poemas para que llegaran hasta él como una orquesta protectora, acunándole el sueño y haciéndolo sonreír al despertar. Los lectores no se limitaron a leer sus poemas, también los publicaron masivamente en internet, cadenas y cadenas con fragmentos o poemas completos inundaron todos los rincones, ahuyentando a la muerte y logrando que Mario saliera del hospital.

En realidad, desde que en abril de 2006 falleció Luz, su mujer de seis décadas, la muerte le acechaba. Él mismo confesó que perderla fue el golpe más cruel, que sólo sobrellevó escribiendo. Este último año había entrado y salido tantas veces del hospital con variedad de complicaciones que verlo salir la semana pasada fue una alegría traicionera: Benedetti murió el pasado domingo 17 de mayo y aquí quedamos llorándole, como quien pierde a un padre o al mejor amigo.

A finales de octubre de 2005 tuve el privilegio de conocerlo, gracias a mi entrañable Claribel Alegría, quien me ayudó en una época cuando él ya no recibía a nadie y concedía pocas entrevistas, pues Luz estaba recién internada, víctima del Alzheimer. Una semana antes del encuentro debía telefonearle para confirmar la visita. Cuando le llamé el teléfono estaba dañado y cortó la llamada dos veces, hasta que corrí desesperado dos cuadras hasta encontrar otro, también descompuesto. Y tres más en la siguiente avenida. Uno supone que las Leyes de Murphy son graciosas hasta que se sufre en carne propia estas coincidencias terribles. Así que sólo logré hablar con él hasta el día siguiente, rogando que Benedetti no reconociera la voz que le había cortado tres veces la tarde anterior y presentándome como el joven nicaragüense que quería conocerlo y que cruzaría la frontera de Brasil con Uruguay únicamente para eso. Benedetti aceptó de lo más tranquilo y antes de colgar preguntó con tono cándido si ya había reparado el teléfono, y le escuché sonreír. Esta es la imagen que siempre he tenido de él: a pesar del exilio y las tragedias, aún en medio de su personalidad nostálgica, Benedetti gozaba de un humor saludable, muy reflejado en su obra, por cierto.

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Hacia la cumbre del Coloso
(Publicado en Crónicas el 2006-03-12)

(El 11 y 12 de febrero recientes, un grupo de diez jóvenes subimos hasta el cráter del volcán Momotombo. Esta es una crónica de esta aventura.)


Momotombo

Después de dos semanas de planificación, o mejor dicho, de coordinarnos con la tour-operadora y asegurarnos que nadie se arrepintiera a última hora, llegó el día. El sábado 11 de febrero salimos del parqueo de un hotel capitalino, cerca de las 2 de la tarde, hacia la entrada del Campo Geotérmico Momotombo, ubicado en el extremo noroeste del Lago Xolotlán. Después de una hora y media de viaje, el coloso se divisaba desde la carretera. Tan imponente en su tamaño y tan pequeños nosotros los que osamos irrespetarlo, que de lejos parece cercano e inocente, como si fuera un volcancito de pólvora que alcanza en la palma de nuestras manos.

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© Ulises Juárez Polanco v3.1 | JP, JC, MD y UJP | 103775 visitas desde 08/07/2005
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