El inevitable Rubén (Notas para una charla).

(Publicado en Ítaca el 13 de febrero, 2008)

Aclaración: Estas palabras sirvieron de guía para el Conversatorio sobre Rubén Darío, dentro de las actividades de la VIII Jornada Universitaria “Rubén Darío” del 30 de enero de 2008 en el Auditorio Central de la Universidad Americana, UAM. Dos jóvenes egresados de la UAM también compartieron sus reflexiones alrededor de porqué los jóvenes debemos leer a Rubén Darío, invitados por la Lic. Eva Córdoba, Coordinadora del Departamento de Cultura. El objetivo no era una charla magistral ni académica sobre el paisano inevitable, sino contar experiencias para motivar a que Darío sea conocido y leído. El auditorio era en su mayoría estudiantes de los primeros años.
 

El propósito de esta charla es que nosotros, como jóvenes y como estudiantes de la UAM, motivemos a otros jóvenes a conocer y profundizar sobre la vida y obra de Rubén Darío, y no tanto porque vayamos a ser poetas o académicos o críticos literarios, sino porque somos ante todo nicaragüenses. Si para algo el Departamento de Cultura de la UAM ha armado desde hace ocho años este esfuerzo tan hermoso de la Jornada Dariana, visitando León y facilitando pláticas con estudiosos darianos como Buitrago Buitrago, Valle Castillo y Serrano Caldera, por nombrar rápidamente a algunos, es precisamente porque las autoridades de la UAM desean que los jóvenes nos acerquemos y descubramos a Darío.

Doña Eva nos pidió que habláramos sobre Darío, enmarcándonos dentro del Programa Quinquenal de la Jornada Dariana que la UAM está inaugurando este año con los pilares temáticos de libertad, justicia social y desarrollo social. Hay que admitir que hablar de Rubén Darío es y no es complicado. Esto, porque exceptuando quizás a José Martí, no existe otro escritor en nuestro continente sobre el que se haya escrito y hablado tanto como con Darío. Me atrevo a pensar que esta plática que hoy tenemos sobre Rubén, inició hace ocho años, y continúa.

Ilustración: Rubén Darío

Para mi intervención, quisiera contar un poco de mi experiencia con el inevitable Rubén y cómo poco a poco descubrí en él no a un poeta nicaragüense, sino a un nicaragüense universal, que fue poeta, cuentista, periodista, diplomático, político e historiador. Inicio con una confesión: al igual que la mayoría, mis primeras lecturas de Rubén fueron obligatorias. Terminando primaria e iniciando secundaria, es decir, más o menos a los 12 ó 14 años, los profesores nos recetan la lectura de Azul…, Autobiografía y otros libros, y mi caso no fue la excepción. Como es lógico, estas lecturas obligatorias no fueron tan placenteras y menos a esa edad. Doña Eva o algún otro presente me podrán criticar que a esa edad Darío ya era un niño genio escribiendo versos y maravillando a todos, y es cierto, citándolo a él mismo, “de mí sé decir que a los diez años ya componía versos, y que no cometí nunca una sola falta de ritmo”. Pero obviamente no todos somos Rubén Darío. Así fue que conocí a Rubén Darío, y siendo sincero, no hicimos amistad a primera vista. Así pasaron los años y yo me enamoraba de los libros policíacos como los de Arthur Conan Doyle, Edgar Allan Poe, Borges, Hemingway y aquella colección que no sé si recuerdan, “Elige tu propia aventura”, en que se nos ofrecía historias con diferentes finales de acuerdo a las opciones que como lectores elegíamos en el transcurso de la lectura. Me gustaban estas historias detectivescas y, erróneamente, era la misma razón por la que no me gustaba Darío.

Cuando cumplí 17 años, justo antes de terminar la secundaria, descubrí en una biblioteca familiar un libro un libro bastante maltratado y que estaba siendo devorado por las ratas y el olvido. Ese libro me cambió toda la percepción que tenía de Darío, me acercó a él y a su obra y lo redescubrí varios años después de aquellas primeras lecturas obligatorias. Ese libro, que tengo a mi lado, es La dramática vida de Rubén Darío, de Edelberto Torres. Contrario a las veces que leemos un libro y luego nos da curiosidad por conocer la vida del autor, yo conocí la vida de Rubén y tuve curiosidad de conocer su obra. Es cierto que Autobiografía narra la vida de Rubén, pero el hecho que él mismo la cuente implica omisiones de hechos estremecedores, como el retrato del nacimiento de Rubén en una casa paupérrima, su infancia amarga y su vida trágica y conmovedora. Con el libro de Edelberto Torres descubrí cómo la vida propia de los grandes personajes de la humanidad, como Darío, suele ser más increíble y apasionante que cualquier libro escrito. Este Rubén, que le confesara a un amigo suyo que no era ningún hombre especial, sólo alguien dedicado a la poesía. Dijo Rubén: “En verdad, vivo de poesía. (…) Amo la hermosura, el poder, la gracia, el dinero, el lujo, los besos y la música. NO soy más que un hombre de arte. No sirvo para otra cosa. Creo en Dios, me atrae el misterio; me abisman el ensueño y la muerte, he leído muchos filósofos y no sé una palabra de filosofía. Tengo, sí, un filosofía a mi manera: gocen todo lo posible el alma y el cuerpo sobre la tierra, y hágase lo posible para seguir gozando en la otra vida”.

Y las sorpresas siguieron: mientras más conocía a Darío, más encontraba cuentos de misterio que me amarraban de inicio a fin. Citando dos ejemplos ya estudiados, “Betún y sangre” y “La muerte de Salomé” (Nota: hablar sobre estos cuentos).

Como ya se ha mencionado varias veces, la obra de Rubén Darío es extensa, tanto que aún al día de hoy, 92 años después de su muerte, seguimos descubriendo trabajos de él dispersos en diferentes lugares por donde él viajó y vivió. Rubén Darío escribió tanto y vivió tanto que abarcó a varias personas en su ser. Sus temáticas fueron variadas, desde lo divino a lo terrorífico, desde lo hermoso hasta lo sangriento. Dependiendo de los gustos de cada uno, es posible que algunos trabajos de Rubén no nos agraden a primera vista, pero vale la pena buscar, insistir en él. Ya ven yo creía que Rubén Darío no era un escritor de misterios, y me di duro con la piedra en los dientes. Igual podrán haber otros que piensen que Rubén no escribió precisamente el tipo de lecturas que prefieren, y estoy seguro que indagando en él podrán encontrar lo que buscan y mucho más.

Sólo así podremos superar lo que Nicasio Urbina señala en un artículo que casualmente se cita en el programa de la inauguración de la Jornada Dariana de este año, y del cual leo el primer párrafo a continuación:

¿Lee el nicaragüense medio a Darío? No pensemos en la lectura obligatoria en el colegio de uno que otro poema de Darío, o la tediosa declamación de los poemas más reconocidos en las fechas de "clavar". Me pregunto si el nicaragüense medio se sienta alguna vez a leer una página de Darío tratando de reconocer ahí los rasgos de esa genialidad que todos estamos dispuestos a reconocer sin titubear. Me parece que la respuesta es negativa. Casi nadie lee a Darío aunque muy pocas personas estén dispuestas a aceptarlo.

Yo agrego una experiencia que me dejó impresionado: hace unos años, en un concurso universitario, una muchacha dio un hermoso discurso sobre Nicaragua, que a mi parecer le garantizaba el primer lugar en dicho concurso. Portada de Obras Completas de Rubén DaríoEsto no fue así, porque para terminar, la joven dijo: “Y como dijo Gabriel García Márquez, si la patria es pequeña, una grande la sueña”. Nerviosismo o metida de pata, lo importante es recalcar que hace falta leer a Darío, su obra, su vida, los análisis que en cantidad hay sobre su influencia en la literatura actual. Quiérase o no, no conocer y no leer a Rubén Darío es un crimen, es un error de grandes magnitudes. Mientras en otros países Rubén Darío se lee religiosamente, como en Argentina o España, ¿por qué permitimos que se cumpla aquella frase de que nadie es profeta en su propia tierra? Aquí mismo en la UAM tenemos una de la mejores colecciones darianas, a disposición de los interesados, parte de la biblioteca de Ernesto Mejía Sánchez, ¿pero cuánto de nosotros la hemos aprovechado?

Leer a Rubén Darío no es únicamente un pasatiempo, es el descubrimiento de uno, quizás el mayor, humanista y artista nicaragüense, el gran renovador de la poesía y prosa hispanas, que podemos utilizar para sopesar y reflexionar sobre quiénes somos y qué es Nicaragua, y más en este importante etapa de la juventud en que determinamos qué tipo de personas seremos por el resto de nuestras vidas.

Éste es lo que puedo contar de Rubén Darío, el inevitable Rubén. El propósito de esta actividad es que charlemos sobre él, por lo que invito a que después, sin temor ni pena, nos cuenten sus experiencias con Darío o nos hagan las preguntas y comentarios que tengan al respecto.

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© Ulises Juárez Polanco v4 | JP, MD, y UJP | 1,176,869 visitas desde 21/09/2011
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